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jueves, 4 de octubre de 2007

Sonata para cello y alegría melancólica. Op.38



Conociendo muy bien mi fijación estética por las chelistas, hace unos meses tuvieron a bien mandarme un disco de Jacqueline Du Pré en una hermosa interpretación de las sonatas de Brahms.
Y así la chelista oxoniense viajó sobre el mar océano y de los continentes, sosteniendo con amor entre sus muslos y sobre su pecho, uno de sus legendarios Stradivarius, quizá el del siglo XVIII.
Ayer me sentía contento y un poco melancólico, así soy yo, siempre combino sentimientos y sensaciones, no importa que sean antagónicos, lejanos, o diferentes. Y mi relación con la música va de la mano con ello, por eso es difícil explicar cómo puedo escuchar una y otra vez Carmen cuando estudio, o Bach cuando estoy contento; y estando deprimido oigo cosas como Alizée u O-Zone. No es que siempre sea así, pero ayer estaba buscando algo que hiciera el fondo musical de mi estado de ánimo y sí, ahí estaba Du Pré con su sonrisa de leyenda a los veintitantos años, en la cumbre del mundo, hermosa y genial. Pero también estaba la Jacqueline de la tragedia, de la gran ironía en la vida, la que murió sin poder sostener nada en sus manos o esbozar una simple sonrisa.
Contento y melancólico:
Jaqueline Du Pré tocando una sonata de Brahms.