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martes, 27 de mayo de 2008

171. Brooding lion, Trafalgar Square

Hoy recibí una postal.
O bien podría decir una carta en una postal de Trafalgar Square.
En el Medio Oriente recibir correo es de alguna manera, una cuestión de suerte, pues uno nunca sabe cuándo y si acaso llegará.
Dejando a un lado la publicidad y los estados de cuenta, creo que recibir correo en cualquier parte del mundo es una cuestión de suerte, pues significa que en algún otro lugar hay alguien que se toma la molestia de enviarnos algo.
En estos, los años del exilio, como en ocasiones los llamo, han llegado a mis manos muchas cosas, por ejemplo:
* Un ornitorrinco de peluche.
* Una novela del Gabo y otras dos de Baricco.
* Dos discos de Brahms, y otro de Mahler.
* Un mechón de cabello.
* Fotografías, algunas conmigo en ellas.
* Cartas, algunas conmigo en ellas.
En el camino, en cambio, y que yo sepa, se perdieron un cuento de Cortázar, unos cuantos besos, y quizá un par de amores lejanos, aunque eso no creo que haya sido culpa del cartero.

¿A dónde va lo que se pierde en el camino?