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martes, 15 de julio de 2008

183. El Monte Ararat en Beirut الجبل أرارات في بيروت

Foto: Sharif Bujanda


Beirut es una ciudad excepcional en muchos sentidos. Es incluso -yo diría-una ciudad bastante rara para en Medio Oriente, quizá porque es el reflejo del Líbano, el cual, en su conjunto también es un país diferente a todos los demás en la región.
Tiene rasgos cosmopolitas que ni siquiera encontré en el gigantesco Cairo, aunque eso podría deberse a que no he estado suficiente tiempo allá.
Una forma muy sencilla de comprobarlo es prendiendo el radio: Se pueden escuchar estaciones en árabe, inglés, francés, armenio y por la cercanía con Chipre, en griego y turco.
El asunto de la comida es parecido, aunque probablemente aun más diverso. Una de las primeras cosas que aprendí es que si se quiere comer sabroso, barato y diferente, hay que ir con los armenios. Son famosos, entre otras cosas, por sus embutidos. Los sándwiches de basterma o chorizo son realmente buenos.
La comunidad armenia en ésta área es muy antigua y se nutrió de inmigrantes en diversas épocas de la historia. Una de ellas fue alrededor de 1915, cuando el gobierno turco emprendió acciones de limpieza étnica (y religiosa) en contra de los armenios y al parecer, también de los cristianos asirios que estuvieran en el camino. Asesinaron alrededor de un millón y medio de personas. Es bien sabido que los kurdos contribuyeron con el genocidio y la deportación sistemáticos. Hoy ellos mismos sufren por políticas de tintes similares.
El gobierno turco niego o minimiza lo ocurrido y aplica la llamada "Ley 301" contra cualquiera que se atreva a contradecir la versión oficial, como al Premio Nobel Orhan Pamuk. Sus aliados en la región, los israelíes -nótese la ironía, aunque sin sorpresa- también comparten el mismo discurso. Afortunadamente otros países, como Francia, han declarado ilegal el negar el genocidio armenio y han puesto como condición a Turquía, el reconocimiento público de dichos acontecimientos, para poder dialogar acerca del ingreso de dicho país a la Unión Europea.
Sussy Ohanessian, la encargada de la librería del Catolicado Armenio de Cilicia, en Antelías (un poco antes de llegar a Beirut desde el Norte), es una señora muy amable que siempre platica conmigo mientras busco entre los libros. Por ella supe que ahí mismo hay un pequeño y bonito museo que incluso muchos libaneses desconocen. También hay un monumento a las víctimas de Holocausto Armenio, y fue ella la que me dijo cuál es el mejor lugar para comer basterma.
Un día platicando acerca de la particular forma de las iglesias armenias tradicionales (las iglesias ortodoxas georgianas también tienen ese diseño), me dijo algo interesante: La cúpula alargada del centro representa -además del simbolismo cristiano de cualquier iglesia- al Monte Ararat.
El Monte Ararat es el símbolo por excelencia de la nación armenia, de hecho, está en su escudo de armas, pero hoy en día se encuentra dentro del territorio turco, así que para Sussy o cualquier armenio, está siempre con ellos, en cada una (o casi) de sus iglesias, incluso en Beirut.