
Todos nos sabemos la historia de cómo, después del nacimiento de Jesús, unos sabios provenientes de Oriente, siguiendo a una estrella, llegaron hasta donde él estaba y le entregaron obsequios (oro, incienso, mirra).
Tradicionalmente se dice que eran tres los reyes magos e incluso tienen nombres. Sin embargo, el Evangelio de Mateo, el cual es el único de los libros canónicos que habla de ellos, no da su número, ni dice que fueran reyes y mucho menos menciona sus nombres. Incluso, la palabra "magoi" utilizada para referirse a ellos puede indicar en general a hombres sabios, no necesariamente magos.
Como ocurrió muchas veces, la tradición nos ha llegado desde la Edad Media, que fue rica en producción de leyendas y reliquias, tanto en Occidente, como en Bizancio. Fue Santa Elena, madre de Constantino el Grande, quien llevó las "reliquias" a Constantinopla (también se dice que encontró la Verdadera Cruz) y después en las convulsiones de la Historia, en tiempos de las cruzadas, los restos, con todo y coronas (!!) fueron trasladados a Colonia, en donde hasta ahora se encuentran.
El punto es que si acaso estos hombres existieron, es probable que fueran sabios zoroastras de Persia que cultivaban la astronomía (y la astrología, por supuesto) y aunque los regalos tengan una carga simbólica veterotestamentaria muy clara, tambiés es importante decir que efectivamente eran productos de alto valor, y si nos detenemos a pensarlo un poco, la Sagrada Familia debió necesitar recursos económicos para su posterior estadía en Egipto.
Y bien, la parte emocionante de la Tradición: Para los niños todos estos detalles de adultos les vienen bastante cortos, pues la ingenuidad e ilusión de esperar a los Reyes (o bueno, sus regalos) es algo que de alguna manera no deberíamos perder, no importa la edad que tengamos, pues al niño que habita dentro de nosotros, cada 6 de enero habríamos de hacerle simbólicamente un obsequio que lo haga sentir felíz (y de paso seguro para los tiempos difíciles)
Y a tí, ¿qué te trajeron?
A mí, entre otras cosas, unos guantes "de clochard", que me dejan escribir en la computadora sin que se me congelen las ideas :)