sábado, 7 de agosto de 2010

308. Matemáticas, hijo.

 Un viaje al hogar familiar, ese que cesó de ser el lugar en el cual uno habita pero que nunca dejará completamente de ser de uno, porque ahí están tus padres o hermanos, o su recuerdo, y especialmente el recuerdo de uno mismo.
 Un viaje a ese lugar, -decía- y en especial si uno debe someterse a la tortura de encerrarse por horas y horas en un tubo de dentífrico volador, el cual incluso tiene la osadía de ir en contra del movimiento natural del planeta y crea la falsa -o no tan falsa- ilusión de hacerlo a uno retroceder en el tiempo a pesar de la exasperación que puede causar el viajar cual sardina en la clase turista... Lo que quiero decir es que ir a ese lugar siempre implica experiencias peculiares y para cada cada quién representa un reto distinto.

 Yo sólo buscaba un cuaderno con hojas libres para darle buen uso y terminé en un segundo viaje insomne en el tiempo, viendo las notas que fui tomando a lo largo de años sobre las cosas más peculiares o banales, más o menos como he venido haciendo de un tiempo acá con ésta bitácora y con la misma desorganización testaruda.
 En esas notas llego a reconocer aspectos de mi largamente olvidados o en otras ocasiones ni siquiera arribo a reconocerme. He aquí una nota que después de dejarme sorprendido me ha hecho reír mucho. La cito tal cual, sin dar grandes explicaciones , porque yo mismo no las tengo y con la pertinente aclaración de que en el resto del cuaderno no hay nada que pueda ser un fragmento anterior o posterior:

 "Ocho punto cinco contesté. Sé que debí de haber dicho once, pero desconté punto cinco por la irritación momentánea, uno por el tedio de tu inmensa madre revoloteando con sus máscaras en el paso de nuestra larga e infructuosa relación y otros dos puntos se desc esfumaron automáticamente ente los nombres de un par de fulanos quienes coadyuvaron enormemente a minar las uniones sanas entre nosostros."
 Hoy descubrí un aspecto matemático en mi persona del cual no tenía idea. Ruego a los lectores, si a alguien le concierne, no darse por aludidos de manera personal.

1 comentario:

  1. ¿Sabes qué ocurre? que a veces tenemos la necesidad de tirar cuadernos y "limpiar" cosas del pasado, pero es una lástima, porque si por casualidad te reencuentras con una nota como te ocurrió a tí, uno puede no reconcerse, desconcertarse o reír, pero desde luego no permanece indiferente.
    Besos

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