domingo, 30 de enero de 2011

321. Monet au Grand Palais



En dos ocasiones anteriores lo intenté, pero había demasiada gente. El viernes temprano fui a trabajar y como de costumbre, para distraer los tiempos muertos comencé a leer el periódico gratuito que dan en el metro: "L'Expo Monet ha tenido en ésta, su última semana, filas de espera de hasta seis horas, por lo que se ha decidido que los tres días finales de la exposición, el Grand Palais abrirá sus puertas día y noche para recibir a los visitantes. Los boletos en línea se acabaron desde hace tiempo, pero siempre cabe la posibilidad de presentarse y esperar..."
Ese mismo día al salir del trabajo fui a estudiar el terreno. Era viernes por la tarde, hacía frío, estaba cansado y hubiera tenido que esperar, si tenía suerte, por lo menos dos horas para entrar. Confirmé que la exposición estaría abierta sin pausa y me fui a casa a tomar un baño caliente, cenar y dormir temprano.
Por ahí de las 5:30am salí de casa enfundado con abrigo, guantes, bufanda, sombrero y en mi mochila un termo con café caliente. Hubiera salido más temprano pero por alguna razón a esas horas de la madrugada la percepción del tiempo parece ser diferente, se alarga y se adelgaza, para luego acortarse y ensancharse, como un gusano cósmico, de esos que hacen sus agujeros en el queso-universo para viajar extremadamente rápido de un lado al otro de la galaxia o de los otros restos del Big Bang.
Mi cálculos fueron acertados: sábado muy temprano, y con ese frío, casi no había turistas y los parisinos seguramente aún descansaban. Había un músico amenizando la espera, yo creo que ganó unos buenos euros esa noche. Esperé tan solo una media hora para entrar.
Eligieron con gran gusto el afiche de la exposición: Femme au jardin, (Mujer en el jardín) 1866; óleo sobre tela, firmado abajo a la izquierda "Claude Monet"; San Petesburgo, Museo del Hermitage.
Adentro había una buena cantidad de gente, pero digamos que se podía circular con cierta calma. Algunas obras retenían más la atención de los visitantes.
La última gran exhibición dedicada al pintor impresionista fue en 1980, y este año, fue aún más grande. Trajeron pinturas de todos los rincones del mundo, desde Australia hasta Nueva York; de los grandes museos y de colecciones privadas. El Louvre sacó de sus bodegas obras que no se encuentran generalmente en exhibición. Claude Monet es y ha sido por muchos años mi pintor preferido, y les puedo decir que hay pinturas que jamás había visto, ni en reproducción.
Museos parisinos como Orsay y l'Orangerie prestaron las obras que quizá son más conocidas. Otros como el Marmottan Monet que alberga el famosísimo cuadro Impression, Soleil Levant -el cual dio nombre a todo el movimiento artístico-, no participaron, pues éste último, por ejemplo, decidió sacar su colección completa de Monet -la más grande del mundo- para exhibir en su recinto. A esa exposición iré en estos días.
Nunca creí decirlo, pero para cuando llegué a las series, -que comenzaron con un golpe de vista de las catedrales de Rouen-, ¡yo ya estaba cansado! Astutos los que montaron esto -me dije-, dejaron como el vino del evangelio, lo mejor para el final...
Con el catálogo de la Expo en mano, salí un poco antes de las once de la mañana. Los coches iban y venían como normalmente en los Campos Eliseos y la estatua de De Gaulle parecía con tanta energía como siempre. La fila de espera afuera del edificio era enorme, y yo con una sonrisa, podía ir a dormir un poco.

2 comentarios:

  1. Mhh, qué evocador, qué buena historia, qué sensación andar por Paris con sombrero y guantes y un termo a las 5 de la mañana. Qué bueno.

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  2. Me gustó esto que escribiste. Me dieron ganas de escribir de nuevo. Muy bonito!

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