lunes, 4 de agosto de 2008

188 Солженицын (Solzhenitsyn)

Yo tuve un compañero en la universidad llamado Iván Denisovich, así tal cual le pusieron, como el personaje de la primera novela de Aleksandr Solzhenitsyn.
Un día en la vida de Iván Denisovich fue concebida mientras su autor era preso político en la época de Stalin y fue publicada en el breve lapso de apertura que se dió después de la muerte del "Hombre de Hierro". Pero el periodo fue efímero y los escritores independientes y críticos como Solzhenitsyn nunca fueron bien vistos. En 1970 se le concedió el Premio Novel de Literatura, y en 1973 se publicó en Paris el primer tomo de El Archipiélago Gulag, lo que le valió ser despojado de su nacionalidad y ser expulsado del país. Solo hasta el tiempo de la Perestrika se le restituyó su nacionalidad, después de la caída del bloque oriental regresó a vivir a Rusia, pues el "Occidente" nunca le terminó de convencer.
Hoy la palabra "Gulag" (ГУЛАГ) -acrónimo de "Dirección General de Campos de Trabajo" en ruso- forma parte de la cultura mundial y es utilizada incluso para denominar fenómenos totalmente ajenos a los hechos ocurridos en los campos de trabajo forzado en la URSS.
A mi compañero le pusieron ese nombre, como a muchos otros Ivanes, Vladimires, Ernestos (por el Ché, claro) y hasta Lénines, porque nacimos en un mundo con un paradigma distinto, con una concepción bipolar del orden planetario.
Los que tuvimos tiempo de percatarnos del orden global antes de 1989, estamos marcados por la sorpresa ante un mundo que es distinto, y ahora somos testigos del nacimiento e infancia convulsa de un nuevo paradigma mundial.
Alexander Solzhenitsyn nunca dejó de ser crítico hacia las cosas que ocurrían en su país y en el resto del orbe. De acuerdo con la Agencia de Noticias Rusa, falleció ayer, antes de la media noche en su casa de Moscú, a los 89 años.

3 comentarios:

  1. Se acabó aquel mundo dividido entre los buenos y los malos (cada quien elegía a "su" bloque bueno y se enfrentaba al otro)
    Ejercer la crítica ahora es más difícil, creo, salvo que te enganches a la bandera de los derechos humanos y a la conservación del planeta, pero... ¿Cómo influir, si los medios de comunicación se han corrompido a extremos escandalosos, y en la red te pierdes en un maremagnum?
    (Solzhenitsyn no escribió la otra gran novela que nos debía: "Un día en el paraíso del mercado").

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